Godfrey Reggio
A comienzos de la década de los ochenta, Godfrey Reggio inició un estilo singular en la realización del cine documental. Ya no el documental informativo sostenido en entrevistas o en la voz en off de un locutor. Por el contrario, aquí nunca se escuchará la voz humana. El espectador presenciará una multitud de vertiginosas imágenes sólo acompañadas por la inspirada música minimalista de Philip Glass. Torrente visual que expresa la oposición entre el arcaico, milenario, mundo natural y el perturbador vértigo de la vida moderna.
Por Carlos Brussain
KOYAANISQATSI corresponde al género documental y fue realizada entre 1975 y
El título es una palabra hopi que en una de sus acepciones significa "vida fuera de equilibrio", pero también "vida loca", "vida en turbulencia", "vida que lleva a la desintegración" o un estado de vida que clama por otro modo de vivir"; significados todos que se ajustan a una descripción perfecta del mundo moderno.
KOYAANISQATSI posee una particularidad: carece completamente de palabras.
Quizás esto se relacione con el hecho de que Godfrey Reggio vivió 14 años en silencio y plegaria cuando estudiaba para ser monje. Pero la ausencia de las palabras no limita su arte. La película prescinde totalmente de ellas y se despliega como una selección aguda de imágenes, fotografiadas por el ojo sensible de Ron Fricke, que también junto a Alton Walpole realiza una edición precisa y compuesta al son de la música de Philip Glass. Todos estos elementos producen una alquimia que embarca al espectador en un viaje hacia la locura del mundo contemporáneo y hacia su propio mundo interior.
Shoah, 1985, Claude Lanzamann
Shoah (del hebreo שואה, "catástrofe") es una película documental del realizador francés Claude Lanzmann, estrenada en 1985, y de aproximadamente nueve horas de duración. Los subtítulos y testimonios filmados para el documental se publicaron por escrito en un libro con el mismo nombre, que fue traducido al castellano en el año 2003.
El filme de Claude Lanzmann es un documental de historia oral, filmado a lo largo de cerca de diez años en diferentes continentes. Reune testimonios, en primera persona, de víctimas, testigos y verdugos del exterminio de las comunidades judías durante
El formato de las intervenciones fue concebido por Lanzmann como una entrevista. El director interviene para evocar los recuerdos de cada invitado, en ocasiones preguntando por detalles técnicos (por ejemplo, sobre el número de vagones de cierto tren, o la capacidad de cierto horno crematorio), o por emociones y sentimientos, e incluso sobre detalles relativamente anodinos, pareciendo tener su papel una mera función fática (como, por ejemplo, cuando pregunta si había árboles en el gueto de Varsovia).
Sin embargo, no es difícil interpretarlo como una falsa entrevista, en la que el director solamente pregunta u observa cuando el entrevistado no puede, o no quiere, seguir hablando. Es frecuente que los testigos se detengan a causa de un desmoronamiento psicológico. En esas ocasiones, Lanzmann insiste en el deber del invitado de seguir hablando.
Es importante subrayar, para destacar la peculiar naturaleza documental del filme, que la película no contiene imágenes de archivo ni banda musical. Toda la obra se estructura en entrevistas individuales o colectivas, en tiempo presente y en los más variados escenarios, o en visitas a los lugares donde ocurrieron los hechos tal y como se conservan en el momento de la grabación, estando presentes o no los testigos. El hecho de que no haya voz en off, salvo brevísimas intervenciones para aclarar lugares o hechos obviamente desconocidos para el espectador, recalca, por otro lado, que el filme se concibió bajo los planteamientos de la historia oral.
Los testimonios se recogieron en los siguientes idiomas: inglés, francés, alemán, italiano (empleados todos ellos directamente por Claude Lanzmann), yiddish, hebreo y polaco. La versión española no se editó doblada, sino subtitulada.
Los entrevistados
Una de las originalidades del documental es que reúne, de manera entrelazada, testimonios de muy diversa índole. El complicado montaje del filme convierte una sucesión de monólogos en un debate donde cada entrevistado da su particular visión de unos mismos hechos (desde la máquina de tren que empujaba los vagones, desde los terrenos que circundan la vía, desde el interior de los vagones, desde el interior del campo...). Las personas entrevistadas (más de treinta) obedecen a las siguientes categorías:
* Víctimas, es decir, judíos que padecieron la persecución y sobrevivieron por una u otra causa; pueden intervenir a título individual o colectivo (como es el caso de la comunidad judía de Corfú).
* Victimarios, es decir, aquellos que participaron directamente en el exterminio; así, el documental recoje entre otros, el testimonio del SS Franz Suchomel, rodado con cámara oculta bajo la promesa (incumplida) de no ser revelada la identidad del entrevistado.
* Testigos, es decir, los que sin ser víctimas ni victimarios, resultaron, por diversas razones, ser conocedores, en una u otra medida, de lo que estaba ocurriendo; pueden ser entrevistados individualmente o en grupo (como ocurre con los campesinos que viven en torno al campo de Auschwitz, conocido actualmente como Oświęcim).
* Expertos, es decir, personas que, sin estar directamente implicadas en los acontecimientos, los han estudiado; el único entrevistado que se enmarca en esta categoría es el historiador Raul Hilberg.
* Interesados, es decir, personas que no habiendo vivido los acontecimientos directamente se preguntan por lo sucedido (como es el caso de Hanna Zaidl).
Nicolas Philibert
Licenciado en Filosofía de profesión, Philibert escogió prontamente proyectar sus ideas y pensamientos a través del lente de una cámara. A los 27 años, ya lo encontramos dirigiendo
Fiel exponente del Naturalismo francés, en la mejor línea del gran Rohmer, lo que nos presenta Philibert es una humanización profunda de la naturaleza, la locura, la infancia, un Museo y su tropel de lienzos, estatuas y telas, la sordera, el mismo Arte, y su posibilidad de redención.
Es en este punto, el de su capacidad existencialista, el que conecta a Philibert con una de las más caras obsesiones de "
Agnés Varda (Bruselas, Bélgica. 1928)
Las primeras películas de Agnès Varda reflejan el profundo impacto que en la joven directora belga provocó la renovación que del cine proponían los franceses de
Sin duda el bloque de películas menos interesantes de Varda, y las que peor han soportado el paso del tiempo, son aquellas en las que se contagia del espíritu de optimismo que precedió al Mayo del 68. La felicidad (1965), Las criaturas (1966), Lion´s Love (1969), son obras menores, en las que se busca concitar un estado de ánimo y poner en solfa algunas de las rígidas leyes de la sociedad burguesa. La más divertida entre ellas quizás sea Una canta, otra no (1977), por su estilo jovial y desenfadado, y su hallazgo al transformar las luchas feministas en una danza de colores kitsch. En todo caso, todas le sirvieron para experimentar con su estilo, y para encontrar soluciones que más tarde explotaría de manera magistral. A caballo entre el documental y la ficción está su película más celebrada, Sin techo ni ley (1985), protagonizada por una jovencísima Sandrine Bonnaire, que da vida a una vagabunda que sobrevive sometida al azar, como el plan de trabajo de esta película casi improvisada, en la que cohabitaron actores y personas del lugar, y que es germen de toda una corriente de cine realista contemporáneo, encabezado por los hermanos Dardenne y Ken Loach. Decir que también ésta película ha envejecido, lo que no puede decirse de ninguna más de las muestras de no ficción que ha dejado para la posteridad Varda.
Black panthers (1968), Daguerréotypes (1975), Murs, murs (1980), Jane B. par Agnès V. (1987), Cinévardaphoto (2004), por no hablar de Los espigadores... y su secuela Dos años después (2002), son pequeñas obras maestras del género, a la par que valiosísimos testimonios históricos y del paso del tiempo. En estos documentales, despliega Agnés Varda toda su inteligencia creativa, fijándose en esas pequeñas cosas que hacen enorme al conjunto: en Daguerréotypes retrata a las personas, edificios y ambientes de la manzana de Daguerre, en la que vivía, en Murs, murs, los modelos de un mural de Nueva York se acercan a la cámara hasta que el volumen de lo representado sustituye a la representación, en Los espigadores... la cineasta retrata sus propias manos, se presenta a sí misma y agradece el invento a su pequeña cámara digital. Puro talento artístico y metarreflexivo, sólo emulado en su sencillez y lirismo por Abbas Kiarostami en el cine comparado.
Mención aparte, por la ternura, respeto y rigor que se desprenden de ellos, merecen todos los filmes que la directora francesa dedicó a su difunto marido Jacques Demy, y a su maravilloso legado. Jacquot de Nantes (1991), son “los sueños de un niño que quiere ser director de cine”. L´Univers de Jacques Demy (1995) es un documental imprescindible, con entrevistas y fragmentos de las películas del director de Los paraguas de Cherburgo y Lola. Su ejemplo debería ponerse en las escuelas para demostrar cómo han de respetarse en la recopilación cada uno de los formatos originarios de grabación para enriquecer (por variedad y fidelidad a la composición) el visionado. Les demoiselles ont eu 25 ans (1993) quizás sea el más emocionante de todos: se trata de la filmación del homenaje que la ciudad de Rochefort hizo a la película de Demy con motivo del 25 Aniversario de su estreno. En la atmósfera de las imágenes, flota la presencia de dos fantasmas: el de Demy, hacia el que su antigua esposa siente devoción, y el de Françoise Dorléac, la hermosa hermana de Catherine Deneuve.
- Dos años después (2004) Director, Producción, Realización, Sonido
- Los espigadores y la espigadora (2002) actor, Director, Fotografía, Guionista.
- Jacquot de Nantes (1991) Director
- Sin techo ni ley (1985) Director, Guionista
-Una canta, la otra no (1977) Director, Guionista
- Black panthers (1968) Director, Guionista
- La felicidad (1965) Director, Guionista
-Cleo de
José Luis Guerín
“En construcción” se adscribe a ese cine fronterizo entre el documental y la ficción, un cine de eminente vocación realista que viene a nutrirse de la realidad como materia prima a través de la puesta en contacto de ésta con una mirada abierta y atenta que requiere y demanda a su vez una mirada de la misma índole en su espectador. A través del proceso de construcción de un nuevo edificio en el Barrio Chino de Barcelona, Guerin elabora una poética reflexión metafórica sobre el paso del tiempo y sobre cómo el cine, en su capacidad para “detenerlo”, fijarlo y reconstruirlo, se convierte en el instrumento perfecto para capturar la riqueza infinita de sus matices.
Embalsamar el tiempo
Los filmes de Guerin se adscriben así a una fascinante idea inscrita en el pensamiento del crítico francés André Bazin que intuía la capacidad del cine para “embalsamar” el tiempo: “el tiempo de la vida se escapa, fluye -ha comentado Guerin en alguna ocasión- y lo que hace el cine, esencialmente, es embalsamar trozos de tiempo que quedan ahí”. No es el cine de Guerin, como pudiera pensarse, un cine documental al uso, ni tan siquiera sus dos películas que más se pueden acercar a ese concepto en su proceso de elaboración y en su forma final, Innisfree y En construcción. Su mirada, una de las que más radicalmente exponen en el cine de hoy la necesidad de recuperar una cierta “inocencia perdida” (la “primera mirada”) en cineastas y espectadores, se alimenta por igual de esa doble condición esencial de la imagen cinematográfica (presente ya desde sus orígenes, entre las tranches de vie de los Lumiére y las feeries de Méliès) que lo sitúa a mitad de camino entre la realidad, el documento testimonial y una cierta abstracción hacia el mundo de las sombras y lo fantasmagórico.
Los filmes de Guerin interpelan a su espectador a mirar a la pantalla, recorrerla y descubrir, como el niño que inventa historias a partir de los efectos de luces y sombras proyectadas en la habitación nocturna (véase Tren de sombras), el sentido último de la imagen que tiene delante, sin las imposiciones y los subrayados del cine convencional: “mi cine está del lado del susurro de las cosas, no del subrayado de las cosas”.
El cineasta critica además “el despotismo terrible del guión” en el cine actual, de manera que las ficciones no son permeables a las sorpresas del proceso creativo porque “está todo cerrado de antemano”, un sistema totalmente opuesto al que por, ejemplo, él empleó en los dos años de rodaje de “En construcción”.
Pero no todo son elogios para el género documental, un espacio que en España se ha convertido en “una especie de cajón de sastre donde va a caer lo incatalogable”, algo que ha podido crear “un gran caos”: “quizá por eso hay tantos malos entendidos, pero también quizá por eso posibilita un espacio de más libertad”.
Sobre el llamado fenómeno Michael Moore, autor de documentales como “Bowling for Columbine” y “Fahrenheit 9/11″, el realizador catalán, que sólo ha visto el primero de ellos, asegura que éstos “tienen más que ver con la televisión sensacionalista, que con el cine” aunque tengan “motivaciones tan nobles como intentar que Bush perdiera las elecciones”. A su juicio fue un “error” que el Festival de Cine de Cannes diera su principal premio el año pasado al último trabajo de Moore, de cuyas películas “nadie se acordará dentro de tres o cuatro años”.
Y es que Guerín, para quien el cine documental “tiene que tener un compromiso con la realidad, pero también con el cine”, opina que hay una tendencia a ser “muy paternalistas” con este género porque aborda cuestiones sociales y eso es políticamente muy correcto”. Sin embargo él opina que este género “debe tener la misma perspectiva crítica que el cine de ficción”.
José Luis Guerín, que empezó en el cine “viendo películas” de la misma manera que “antes de escribir se aprende a leer”, se queja de que “no hay una educación audiovisual” y de que los escolares “estudian al Nuevo Mester de Juglaría, que está muy bien”, pero no a analizar unos productos, los audiovisuales, que “son los que consumen”.
Esto, y la facilidades que dan las nuevas tecnologías, hacen que “muchos jóvenes empiecen a empuñar su arma (la cámara) sin saber leer una película”, según comenta este realizador.
Javier Corcuera
Madrileño de adopción y siempre con un pie en Perú, Javier Corcuera Andrino, de 33 años,.
Aunque nació en Lima, Javier Corcuera llego a Madrid en 1986. Estudió cine en Perú y se licenció en
Ha trabajado como profesor de realización y dirigido documentales, entre los que destacan Minuesa, una ocupación con historia (1994); IZBJEGGLICE (Refugiados, 1995); Perú , presos inocentes(1996); Familia, Making of, 1997); Chiapas, hablan los rebeldes (1998); Doñana, memoria de un desastre (1998).
1995. IZBJEGGLICE. Refugiados
1996. Perú, presos inocentes
1997. Making of de Familia
1998. Chiapas, hablan los rebeldes
1998. Doñana, memoria de un desastre
2002. La guerrilla de la memoria (2002)
2004. En el mundo a cada rato (2004)
2005. Invierno en bagdad
2007.Invisibles (Codirigida con Isabel Coixet, Fernando Léon de Aranoa, Mariano Barroso, Wim Wenders)
Koyaanisqatsi Making off - Godfrey Reggio
Anima Mundi - Godfrey Reggio
Shoah - Claude Lanzmann
El país de los sordos
Black Panthers Party - Agnes Varda
Los espigadores y la espigadora - Agnes Varda
La Espalda del Mundo
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